El camino de la compasión en el trabajo con las emociones difíciles. No nos educan para aceptarnos plenamente, no nos enseñan a relacionarnos con nosotros mismos con amabilidad y, mucho menos, con paciencia y compasión inteligente ni hacia nosotros, ni hacia los demás. Si siento ira, seré un destructor empedernido; si siento envidia, seré malvado; si siento tristeza, seré débil y cobarde; si siento apego, seré un codicioso incurable. ¿Alcanzan acaso estas interpretaciones que hacemos de nosotros mismos en el momento en el que sentimos emociones difíciles para hacernos sentir mejor?. Algunas veces hasta conocemos el origen de las emociones negativas, en qué momento de nuestras vidas comenzamos a sentirlas, pero aún las seguimos sintiendo. Es muy frecuente que nos auto-maltratemos como producto de la impotencia que nos generan esos sentimientos oscuros y desagradables que nos visitan a diario sin nuestro consentimiento. Sabemos que tenemos emociones difíciles, complejas, que se disparan involuntariamente. Algunas veces hasta conocemos su origen, en qué momento de nuestras vidas comenzamos a sentirlas, pero aún las seguimos sintiendo. Las emociones negativas se adueñan de la mente y hasta que se transforman en estados de ánimo, en rasgos temperamentales, por eso es más que necesario trabajar con ellas en lugar de dejar que se instalen como si fueran el paisaje ordinario de todos nuestros días. La forma en la que nos sentimos determinará el día que atravesemos. Las neurociencias y el Budismo, pueden darnos muchos elementos que acompañarán el camino de quien decida trabajar sobre esas emociones que causan daño a los demás y a uno mismo. Cada emoción posee su propio antídoto. Como ejemplo de esta situación, observemos que no se puede experimentar amor y odio al mismo tiempo. Por ello, el amor es el antídoto del odio. Con respecto a la envidia, uno debe tratar de alegrarse de las cualidades ajenas, con relación al orgullo, apreciar los logros de los demás, abrir los ojos a los propios defectos y cultivar la humildad. En otro paso, debemos ver si existe un antídoto común a todas las emociones y éste sólo puede encontrarse en la meditación, en la observación de la naturaleza de las emocione negativas, en cuyo caso descubrimos que todas ellas carecen de solidez, no son realidades concretas, el budismo denomina a estos hechos “vacuidad”. No es que súbitamente se desvanezcan en la nada, sino que solo se revelan más insubstanciales de lo las percibimos a primera vista. Este proceso permite desarticular la aparente solidez de las emociones negativas. Este antídoto, la comprensión de su naturaleza vacía, actúa sobre todas las emociones y, aunque se manifiestan de formas muy diversas, todas ellas carecen de existencia independiente. En general no solemos diferenciarnos de lo que estamos sintiendo. El último paso, el mas arriesgado, no consiste en neutralizar las emociones ni en aceptar su naturaleza vacía, sino en transformarlas y utilizarlas como catalizadores para sustraernos de su influencia. Es como alguien que cae al mar y se sirve del agua para alcanzar a nado la orilla. En ocasiones, estos métodos se comparan a las tres formas diferentes de tratar una planta venenosa. Una alternativa consiste en arrancar cuidadosamente la planta, lo que se asemejaría al uso del antídoto. La segunda opción seria la de echar agua hirviendo sobre la planta, lo que se compara con la meditación de la vacuidad. La tercera alternativa es la del pavo real, que es capaz de digerir la planta y alimentarse directamente del veneno. Pero de ese modo no sólo no se envenena -como le ocurre a otros animales- sino que acaba engalando aún más sus plumas. En los tres casos, el resultado es idéntico ya que nos conducen al mismo objetivo de zafarnos del dominio de las emociones negativas y de avanzar hacia la libertad. Carece de todo sentido preguntarse cual es el método mas elevado, puesto que poco importa: cuando hay que abrir una puerta, no nos tiene que interesar el material con el que está hecho sino su efectividad. El mejor de los métodos de transformación interior es que el que mejor funciona para un determinado individuo, y es esa persona la que lo deberá aplicar en cada contexto. Tal vez por esto sería mejor considerar al trabajo con las propias emociones como un arte, ya que el arte implica creatividad, vuelo, aceptación y belleza. © Fanny Libertun